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Ángelus: No dejemos pasar al Señor que viene y llama a nuestra puerta

Domingo, 21 de Diciembre de 2014 | Actualizado a las 20:36
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Domingo 21 Dic 2014, Ciudad del Vaticano (AICA):

“No se olviden que el Señor pasa y si sientes la necesidad de mejorar; es el Señor que te llama, no lo dejes pasar”, expresó este domingo, último del tiempo de Adviento, el papa Francisco en sus palabras previas al rezo del Ángelus junto con los miles fieles y peregrinos, provenientes de todo el mundo, congregados en la plaza de San Pedro.

El Pontífice recordó la preparación de la Navidad a través de la historia del anuncio del ángel a María y la presencia ‘silenciosa’ de José. Francisco exhortó a los cristianos del mundo a escuchar la voz de Dios con fe, reconocer sus tiempos y esperar con humildad la Navidad.

Luego reiteró que el Señor está por pasar y no nos damos cuenta distraídos por los preparativos de la Navidad. A los distraídos del amor de Dios, el papa Francisco les pidió “parar un momento”.

Un santo decía: “tengo miedo a que el Señor pase”. “¿Saben por qué tenía miedo?, preguntó el Papa, y respondió: temía que el Señor pasara y él no se diera cuenta. Si tú sientes que el Señor te llama a ser bueno y deseas mejorar, es el Señor que toca la puerta. No lo dejes pasar”, insistió Francisco.

El Pontífice subrayó la sencillez de la joven de Nazaret cuando acepta el mensaje divino con su "sí" y propuso a los fieles la imagen de María como modelo para prepararse para la Navidad.

En primer lugar- señaló- la fe de María “consiste en la escucha de la Palabra de Dios y abandonarse” a ella con plena “disponibilidad de la mente y el corazón”. “En respuesta al ángel, María dice: ‘He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’”.

La encarnación –continuó- fue posible a través del sí “humilde y valiente” de María. Ella nos “enseña a acoger el momento favorable cuando Jesús pasa en nuestras vidas y pide una respuesta pronta y generosa”.

Seguidamente, el Papa evocó la imagen de José. “En el misterio de la Navidad, al lado de María está la presencia silenciosa de San José” como es representado en todos los pesebres del mundo.

“El ejemplo de María y José es una invitación para todos nosotros a aceptar con total apertura mental a Jesús, que por amor se hizo nuestro hermano. Él viene a traer al mundo el don de la paz”, recordó.

El Papa Francisco exhortó a vivir una Navidad auténticamente cristiana, libre de todo lo mundano, listos para recibir al Señor, el Dios entre nosotros. “El precioso regalo de la Navidad es paz, y Cristo es nuestra paz verdadera”.


Texto completo de las palabras del papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

hoy, cuarto y último domingo de Adviento, la liturgia quiere prepararnos a la Navidad ya a las puertas, invitándonos a meditar el pasaje del anuncio del Ángel a María. El arcángel Gabriel revela a la Virgen la voluntad del Señor de que ella se convierta en madre de su Hijo unigénito: “Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo”. Fijamos la mirada sobre esta sencilla joven de Nazaret, en el momento en el que se hace disponible al mensaje divino con su “sí”; acogemos dos aspectos esenciales de su actitud, que es para nosotros modelo de cómo prepararse a la Navidad.

Sobre todo su fe, su actitud de fe, que consiste en el escuchar la Palabra de Dios para abandonarse a esta Palabra con plena disponibilidad de mente y de corazón. Respondiendo al Ángel, María dijo: ”Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. En su “aquí estoy” lleno de fe, María no sabe por qué caminos se deberá aventurar, qué dolores deberá padecer, qué riesgos afrontar. Pero es consciente que es el Señor quien le pide y ella se fía totalmente de Él y se abandona a su amor. Esta es la fe de María.

Otro aspecto es la capacidad de la Madre de Cristo de reconocer el tiempo de Dios. María es aquella que ha hecho posible la encarnación del Hijo de Dios, “la revelación del misterio, que fue guardado en secreto desde la eternidad”. He hecho posible la encarnación del Verbo gracias precisamente a su “sí” humilde y valiente. María nos enseña a acoger el momento favorable en el que Jesús pasa en nuestra vida y pide una respuesta preparada y generosa. Y Jesús pasa. De hecho, el misterio del nacimiento de Jesús en Belén, sucedido históricamente hace más de dos mil años, se implementa, como evento espiritual, en el “hoy de la liturgia”. El Verbo, que encontró morada en el vientre virginal de María, en la celebración de la Navidad viene a llamar nuevamente al corazón de cada cristiano. Pasa y llama. Cada uno de nosotros es llamado a responder, como María, con un “sí” personal y sincero, poniéndose plenamente a disposición de Dios y de su misericordia. Cuántas veces Jesús pasa en Nuestra vida y cuántas veces nos manda un ángel. Y cuántas veces no nos damos cuenta porque estamos muy ocupados, sumergidos en nuestros pensamientos, en nuestros quehaceres, incluso en estos días en los preparativos de la Navidad, que no nos damos cuenta de él que pasa y llama a la puerta de nuestro corazón pidiendo acogida, pidiendo un sí como el de María. Un santo decía “tengo miedo de que el Señor pase”. ¿Sabéis por qué tenía miedo? Miedo de no darse cuenta, de dejarlo pasar. Cuando sentimos en nuestro corazón ‘quisiera ser más bueno, más buena, me arrepiento de esto que he hecho’ aquí está el Señor que llama, que hace sentir esto, las ganas de ser mejor, las ganas de estar más cerca de los otros, de Dios. Si tú sientes esto, párate. El Señor está ahí. Ve a rezar y quizar a la confesión a limpiar un poco la habitación. Eso hace bien. Pero recuerda bien, si tú sientes esas ganas de mejorar, es Él quien llama, no dejarlo pasar.

En el misterio de Navidad, junto a María está silenciosa la presencia de san José, como viene representada en todos los belenes --también en ese que podéis admirar aquí en la plaza de San Pedro. El ejemplo de María y de José es para todos nosotros una invitación a acoger con total apertura de alma a Jesús, que por amor se ha hecho nuestro hermano. Él viene a llevar al mundo el don de la paz: “Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”, como anunciaron a coro los ángeles a los pastores. El don precioso de la Navidad es la paz, y Cristo es nuestra verdadera paz. Y Cristo llama a nuestros corazones para darnos la paz. La paz del alma, abramos las puertas a Cristo.

Nos confiamos a la intercesión de nuestra Madre y de san José, para vivir una Navidad verdaderamente cristiana, libres de toda mundanidad, preparados a acoger al Salvador, el Dios-con-nosotros.
(Trad.Zenit).+

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