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Campo de concentración de Dachau: El más grande cementerio de sacerdotes católicos

Jueves, 5 de Febrero de 2015 | Actualizado a las 00:10
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Campo de Concentración de Dachau / Foto: Flickr Milivoj Sherrington (CC-BY-NC-SA-2.0)
Campo de Concentración de Dachau / Foto: Flickr Milivoj Sherrington (CC-BY-NC-SA-2.0)

ROMA, 04 Feb. 15 / 07:43 pm (ACI).- En el marco de la conmemoración por los 70 años del cierre del campo de exterminio de Auschwitz, ha sido publicado en Francia un libro que rescata el valor e heroísmo de los sacerdotes católicos durante la Segunda Guerra Mundial, de los cuales más de 2.500 fueron enviados por los nazis al campo de concentración de Dachau, lugar donde morirían muchos de ellos.

El libro se titula “La Barraca de los sacerdotes, Dachau, 1938-1945”, y ha sido escrito por el periodista Guillaume Zeller, editor en jefe de DirectMatin.fr, que quedó impresionado por la “dignidad asombrosa (de los sacerdotes), mantenida a pesar de los esfuerzos de las SS por deshumanizar y degradar a los prisioneros”, provenientes de todas partes de Europa: Alemania, Austria, Checoslovaquia, Polonia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Francia e Italia.

En declaraciones a Le Figaro, el autor explicó que entre 1938 y 1945 fueron deportados a este lugar 2.579 sacerdotes, seminaristas y monjes católicos; junto a 141 entre pastores protestantes y sacerdotes ortodoxos. De ellos, 1.034 murieron en el campo.

En ese sentido, Zeller afirmó que “el campo de Dachau sigue siendo el mayor cementerio de sacerdotes católicos en el mundo”, los cuales pudieron preservar su humanidad gracias a “la armadura de la fe”.

El autor indicó que algunos de los sacerdotes, seminaristas y religiosos fueron arrestados por oponerse al programa hitleriano de eutanasia, otros por ser considerados parte de las élites eslavas (polacos), y otros por participar activamente en la resistencia francesa.

“Primo Levi, como ateo, había reconocido la admirable estatura moral e intelectual de los rabinos deportados a Auschwitz. Si las circunstancias son diferentes – agrega el autor-, lo mismo se puede decir de los sacerdotes de Dachau”.

Estos hombres de Iglesia, explica Zeller, “se esforzaron en mantener la virtud de fe, esperanza y caridad. La oración, los sacramentos y el apoyo dado a los enfermos y moribundos, la formación teológica y pastoral clandestina, la reconstrucción de la jerarquía eclesial fueron una armadura que les permitió preservar su humanidad”.

En ese sentido, destacó que no faltaron las historias de heroísmo y santidad. A pesar de que las SS “buscaron poner a los presos unos contra otros”, los sacerdotes “no cedieron a este mecanismo”.

En la entrevista, el periodista recuerda que entre 1944 y 1945 ocurrió una epidemia de tifus que fue diezmando a los internos. “Mientras las SS y los jefes no se presentaron más en las barracas contaminadas, docenas de sacerdotes entraron voluntariamente, sabiendo los riesgos que corrían, para curar y consolar a los agonizantes. Muchos de ellos (los sacerdotes) murieron”, relató.

Asimismo, indicó que Dachau también tuvo lugar la primera –y única en la historia de la Iglesia-, ordenación sacerdotal clandestina de un seminarista alemán a punto de morir. El seminarista Karl Leisner recibió el sacramento dentro de una barraca acondicionada como capilla del Obispo de Clermont-Ferrand (Francia), Mons. Gabriel Piguet, deportado a Dachau “por haber ayudado a esconder a los hebreos y ahora forma parte de los Justos de Yad Vashem”.

Finalmente, Zeller destacó que por iniciativa de San Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Papa Francisco, “56 religiosos muertos en el campo de exterminio fueron beatificados, después que se verificó la práctica de las virtudes naturales y cristianas en modo ejemplar y heroico”.

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