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Cartilla de Adviento de la Orden por las Vocaciones Sacerdotales

Martes, 15 de Diciembre de 2015 | Actualizado a las 08:44
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“Preparemos nuestros corazones, dice el Papa Francisco hablando del Adviento, para acoger a Jesús Salvador”.

Para nosotros los católicos el tiempo de Adviento tiene un significado especial, ya que nos indica el comienzo del Año Litúrgico de la Iglesia, el cual comienza el primer domingo de Adviento. Y también representa, el tiempo de preparación para la venida del Niño Jesús, el Salvador. Es un tiempo de cuatro domingos antes de la Navidad que prepara nuestros corazones con un espíritu de espera, de conversión y de esperanza para recibir el don del amor de Dios: Cristo en la Navidad.

Ahora, ¿qué es el Adviento para ti?

Celebramos el 8 de diciembre la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, celebramos a María, quien estuvo libre de pecado desde el momento de su concepción. También el inicio de un año muy especial, un tiempo al que se le llamará: Año Jubilar de la Misericordia. María estuvo libre del pecado, ella y todos nosotros tenemos necesidad del perdón y de la misericordia de Dios. Sí, aún María necesitaba de la Misericordia de Dios. Recordamos las palabras del Santo Padre, el Papa Francisco: ―No olvides que Dios perdona todo y Dios siempre perdona‖.

Este terminará el 20 de noviembre de 2016 que coincidirá con la fecha de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Cada día durante este año estamos llamados a ser misericordiosos con nuestros prójimos así como Dios es misericordioso con cada uno de nosotros.

¿Quiénes son las personas que necesitan de tu perdón? ¿Quiénes son las personas a las que les pedirías que te perdonen? ¿De qué manera podría ser diferente el mundo si no fuéramos rencorosos, si no juzgáramos injustamente?

Sabemos que todo el perdón empieza con la Misericordia de Dios, él es quien va a buscar a los pecadores. Si Dios nos perdona, no importa lo que hayamos hecho, ¿por qué nosotros nos rehusamos a perdonar a quienes nos han lastimado? Dediquemos un tiempo para leer en la Biblia la historia de la oveja perdida (Evangelio de Lucas 15:1–7) y pongamos atención de cómo Jesús va a buscarla. Intentemos usar el ejemplo del Buen Pastor para saber cómo comportarnos y perdonar a nuestro prójimo.

El Adviento es un tiempo de misericordia.

La Misericordia de Dios es el gran tema recurrente a lo largo de las primeras narraciones de la venida de Jesús.

En su Magnificat, María canta: ―Su misericordia se extiende de generación en generación‖. Y Zacarías, el padre de San Juan Bautista, pregona: ―La entrañable misericordia de nuestro Dios… nos visitará…‖.

Así que durante este tiempo de Adviento, queremos reflexionar con ustedes acerca de las tradicionales ―obras de misericordia corporales‖ de la Iglesia:

*alimentar al hambriento

*dar de beber al sediento

*vestir al desnudo

*alojar al que no tiene hogar

*visitar a los enfermos

*visitar a los encarcelados

* enterrar a los muertos

Jesús habla de que estas obras de misericordia serán la medida de nuestro amor a Dios y a nuestro prójimo. Él nos dice que el amor que mostramos a las personas sin hogar y a los hambrientos, a los prisioneros y a los enfermos, es el amor que le profesamos a Dios. Y nos advierte que nuestra indiferencia hacia los que necesitan de nuestra misericordia refleja nuestra indiferencia hacia Dios.

El Papa Francisco ha hecho de la misericordia un ―punto central‖ de sus enseñanzas. Él nos recuerda una y otra vez que nuestra identidad como cristianos se define en base a las Bienaventuranzas que encontramos en el quinto capítulo del Evangelio de San Mateo, y a las obras de misericordia que encontramos en Mateo 25.

Las Bienaventuranzas y las obras de misericordia, asumidas conjuntamente —nos dice él—, nos muestran el rostro de Jesús y nos ayudan a imitar su forma de vida. Nos proporcionan un ―plan de acción‖, un camino práctico a seguir para encontrar la felicidad y la salvación.

Entonces, durante este Adviento queremos presentar un desafío para todos nosotros, un desafío a profundizar en nuestra experiencia de la misericordia de Dios y en nuestra imitación de las obras de misericordia de Jesucristo hacia los demás.

La Madre Teresa solía decir: ―Sé alguien especial para alguien‖. Es una hermosa manera de expresar nuestro deber de realizar las obras de misericordia.

Por eso, queremos proponer un ―reto‖ a todos nosotros: que todos los días de Adviento tratemos de ―ser alguien especial para alguien‖, especialmente para con los miembros de nuestras familias y para con los que son pobres y están solos, para que ellos experimenten la misericordia y el amor de Dios.

El tiempo presente amerita que recordemos las palabras que el santo Padre decía en el inicio del adviento de 2013:

Me permito de repetir esto que dice el profeta, escuchen bien: “Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra”. ¿Pero cuándo sucederá esto? Qué hermoso día será ese en el que las armas sean desarmadas, para ser transformadas en instrumentos de trabajo. ¡Qué hermoso día será éste! Y esto es posible. Apostemos a la esperanza. La esperanza de una paz. Y será posible. Este camino no ha concluido. Como en la vida de cada uno de nosotros siempre hay necesidad de volver a partir, de volver a levantarse, de volver a encontrar el sentido de la meta de la propia existencia, de la misma manera para la gran familia humana es necesario renovar siempre el horizonte común hacia el cual estamos encaminados. ¡El horizonte de la esperanza! Ese es el horizonte para hacer un buen camino. El tiempo de Adviento, que hoy de nuevo comenzamos, nos devuelve el horizonte de la esperanza, una esperanza que no decepciona porque está fundada en la Palabra de Dios. ¡Una esperanza que no decepciona sencillamente porque el Señor no decepciona jamás! Él es fiel, Él no decepciona. ¡Pensemos y sintamos esta belleza! El modelo de esta actitud espiritual, de este modo de ser y de caminar en la vida, es la Virgen María. ¡Una sencilla muchacha de pueblo, que lleva en su corazón toda la esperanza de Dios! En su seno, la esperanza de Dios ha tomado carne, se ha hecho hombre, se ha hecho historia: Jesucristo. Su Magníficat es el cántico del Pueblo de Dios en camino, y de todos los hombres y las mujeres que esperan en Dios, en el poder de su misericordia. Dejémonos guiar por Ella, que es Madre, es mamá, y sabe cómo guiarnos. Dejémonos guiar por Ella en este tiempo de espera y de vigilancia activa.

¡Sigamos orando unos por otros durante este Adviento!

Recemos por la paz

Oremos por el aumento y la perseverancia de las vocaciones sacerdotales.

Y pidámosle a nuestra Santísima Madre María que nos enseñe a ser alguien especial para alguien todos los días.

¡FELIZ NAVIDAD!

Equipo Diocesano - O.V.S Obra por las vocaciones sacerdotales San José Custodio

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