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El Código Civil “divorcia” al derecho de la moral, dice Mons. Marino

Lunes, 7 de Septiembre de 2015 | Actualizado a las 11:45
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Viernes 4 Sep 2015, Mar del Plata (Buenos Aires) (AICA):

El jueves 3 de septiembre se desarrolló en el Centro Diocesano de Estudio y Reflexión (Cedier) un panel de expertos para analizar y reflexionar sobre el nuevo Código Civil.

Monseñor Antonio Marino, obispo de Mar del Plata; los abogados Paula Giaccaglia y Silvano Penna; la licenciada Inés Franck y el doctor Nicolás Lafferiere ofrecieron diversas reflexiones para comprender el nuevo marco normativo.

Monseñor Marino inició el panel expresando que el nuevo código “refleja una mentalidad filosófica que resulta incompatible con la fe cristiana”, y consideró que es “contrario a la ley divina y natural en algunos puntos decisivos”.

"Sólo me limito a enumerar con suma brevedad tres aspectos salientes de la cultura contemporánea, mundial, al menos en Occidente: un relativismo de la verdad y de la moral, donde no existen verdades absolutas de validez universal y permanente; el subjetivismo del derecho y de normas jurídicas que ya no se proponen reflejar ningún orden objetivo que hay que respetar, y la exclusión de Dios de la vida pública”, detalló el obispo de Mar del Plata.

En su breve intervención, el prelado apuntó al presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación: "Desde la Iglesia objetamos al doctor Ricardo Lorenzetti ciertos puntos del proyecto, y él nos respondió que la Iglesia no puede pretender que el código sea reflejo de sus leyes internas, y que la legislación debe reflejar lo que sucede en la sociedad. En vano tratamos de argumentar desde la razón natural, porque es un concepto que no aceptan. La ley no existe para hacer bueno al hombre, sino para regular lo que sucede, piensan ellos. Así, el derecho se divorcia de la moral”.

El abogado Silvano Penna, de la Universidad Fasta, explicó en qué cambia la vida cotidiana el Código Civil: “Frente a la sanción actual o posible de una ley que afecta los fundamentos de la vida del hombre en sociedad, algunos argumentan con algo de razón que la ley no hace a la realidad, que es sólo una expresión de la voluntad política que no necesariamente corresponde con la realidad y no puede modificarla. Peor, la ley se presenta como modelo a seguir para la realización de lo justo".

"El problema en nuestros tiempos –continuó Penna- es que la ley ha perdido su finalidad justa. Hoy la ley parece haber adoptado una razón meramente sociológica una razón de utilidad o conveniencia social, abarcando las conductas sociales imperantes, regular lo que pasa, desinteresadamente del deber ser en orden al bien común, subordinando cualquier valoración ética a una simple constatación sociológica. Por eso el nuevo Código Civil y Comercial se define como neutro éticamente, pero no es posible la total neutralidad ética, hay en él una verdadera definición ética encubierta: el relativismo".

Por su parte, la abogada Paula Giaccaglia habló sobre el uso del lenguaje y fustigó la “limpieza léxica”, que lleva inevitablemente aparejada “una limpieza cognitiva y con frecuencia una limpieza ética”. Afirmó que “la cultura sin libertad es propaganda y la educación sin libertad es manipulación".

"Tras la lectura y el análisis del nuevo Código Civil y Comercial podemos identificar los cambios que se han operado en el uso de las palabras, cambios deliberados que tendrán importantes consecuencias sociales y jurídicas. El uso de las palabras en el nuevo Código Civil, no es casual, cada una de ellas fue elegida con un claro sentido y una finalidad específica. Expresamente la comisión redactora ha dicho, 'hay numerosos cambios sociales, científicos, culturales, económicos que demandan el uso de palabras ajenas al lenguaje jurídico y por esas razones ha sido inevitable recurrir a nuevas expresiones para reflejar nuevos fenómenos'. A buen entendedor pocas palabras", finalizó Giaccaglia.

La licenciada Inés Franck, de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), expresó: "El Código Civil influye más en la vida de los argentinos y regula las acciones más cotidianas, desde el comienzo de la vida de las personas hasta su muerte". Se refirió al artículo 19, donde se estipula el comienzo de la persona y la diferencia en el estatus de los embriones. También hizo referencia al artículo 57, que prohíbe manipular embriones y toda práctica que pueda producir una alternativa genética en el embrión que se transmita a su descendencia. "Me da la sensación de que si algo puede tener descendencia, no es una cosa, estamos hablando de una persona", resaltó la licenciada.

Por último, el doctor Nicolás Laferriere, también de la UCA, resaltó que en el Código Civil hay normas indefinidas que esperan resolución de un juez. “Es un fenómeno cultural que nos trasciende, y tiene que ver con los derechos humanos, cuando se incorporan a la constitución le damos menos valor a la ley. La ley está sometida a lo que diga el juez, que interpretará a la luz de los derechos humanos. Esto le da un enorme poder a los jueces, que tendrá que ser prudencialmente ejercido", observó.

"El código tiene un núcleo duro de cuestiones por interpretar, pero no tiene fórmulas cerradas acabadas. Está todo permeado por los tratados de los derechos humanos esto tiene cosas muy buenas, pero estamos quitando como sociedad poder al legislador y se lo transferimos al poder judicial, y esto es un debate muy profundo", añadió Laferriere, quien concluyó diciendo: "América Latina tiene una tradición jurídica, consistente, coherente y sostenida de protección a la vida desde la concepción, notable”.

El presbítero Luis Albóniga, presidente del Cedier, cerró la noche agradeciendo la disponibilidad de los oradores para participar de este panel.

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