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El Papa alienta a los jóvenes a ser testigos del amor de Dios en el mundo

Miércoles, 5 de Agosto de 2015 | Actualizado a las 06:48
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Martes 4 Ago 2015 | 15:57 pm, Ciudad del Vaticano (AICA)

Francisco retomó el martes 4 de agosto por la tarde sus actividades públicas tras un período de descanso luego del viaje apostólico por América del Sur. El Pontífice recibió en la Plaza de San Pedro a unos 10.000 monaguillos procedentes de distintas partes de Europa, que participan de la peregrinación internacional que se celebra esta semana bajo el lema “¡Aquí estoy, envíame!”.

Luego de rezar las vísperas y oír las canciones litúrgicas preparadas en varios idiomas, Francisco dirigió un discurso a los presentes en el que sostuvo que servir al altar es fuente de verdadera alegría y una oportunidad para tomar la decisión de emprender una vida con Jesús al lado.

Haciendo referencia a la lectura de la oración de las vísperas, el Papa recordó que el profeta Isaías tuvo una visión que le permitió percibir la majestad del Señor, y reconocer con asombro que es Dios quien da el primer paso en el encuentro con el hombre.

"Isaías se da cuenta de que la acción divina no se ve obstaculizada por sus imperfecciones, que únicamente la benevolencia divina es lo que lo hace idóneo para la misión, transformándolo en una persona totalmente nueva”, dijo Francisco.

El obispo de Roma también afirmó que en la Eucaristía se experimenta “la íntima cercanía de Jesús, la dulzura y la eficacia de su presencia”, y observó que Jesús no se queda “en un trono inalcanzable, alto y elevado”, sino “en el pan y en el vino eucarísticos", cercano al hombre, mientras que su palabra "no hace vibrar las paredes, sino las fibras del corazón”.

El Santo Padre señaló que Dios espera pacientemente la respuesta a su iniciativa y ofrece el perdón a todo el que se lo pida con humildad. También aseveró que, de no poner resistencia a su acción, "Él tocará nuestros labios con la llama de su amor misericordioso”, y esto “nos hará aptos para acogerlo y llevarlo a nuestros hermanos”.

Francisco alentó a los jóvenes a compartir la alegría de "reconocerse elegidos y salvados por la misericordia de Dios”, y les pidió ser "testigos de que la fe es capaz de dar un nuevo rumbo a nuestros pasos", porque "nos hace libres y fuertes para estar disponibles y aptos para la misión”.

Para concluir, según consignó Zenit, Francisco invitó a acercarse a Jesús en la oración cotidiana y frecuentar la Eucaristía, para alimentarse de la Palabra y del Cuerpo del Señor y "ser capaces de ir hacia el prójimo llevándole el don recibido".+

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