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El Papa pide llevar el Evangelio, el crucifijo y tener coherencia de vida

Martes, 24 de Marzo de 2015 | Actualizado a las 08:24
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Buenos Aires (AICA):El papa Francisco rezó el Angelus dominical y exhortó a los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, a llevar siempre consigo el Evangelio y un crucifijo, pero advirtió que lo más significativo para un cristiano es el testimonio.

En este quinto domingo de Cuaresma, Francisco también regaló a los fieles miles de Evangelios de bolsillo.

El pontífice pidió a algunas de las personas sin techo que viven en Roma que distribuyan en forma gratuita un ejemplar del Evangelio entre los presentes.

En este quinto domingo de Cuaresma, el evangelista Juan atrae nuestra atención con un particular curioso: algunos \'griegos\', de religión judía, llegados a Jerusalén para la fiesta de Pascua, se dirigen al apóstol Felipe y le dicen: “Queremos ver a Jesús”. En la ciudad santa, hacia donde Jesús se ha dirigido por última vez, hay mucha gente. Están los pequeños y simples, que han acogido festivamente al profeta de Nazaret, reconociendo el enviado del Señor en Él.

“Queremos ver a Jesús”. Estas palabras como tantas otras en los Evangelios, llevan más allá del episodio particular y expresan algo de universal; revelan un deseo que atraviesa las épocas y las culturas, un deseo presente en el corazón de tantas personas que han oído hablar de Cristo, pero aún no lo han encontrado. \'Yo deseo ver a Jesús\': así siente el corazón de esta gente.

Cristo declara que será “elevado de la tierra”, una expresión con un doble significado: “elevado” porque exaltado por el Padre en la Resurrección, para atraer a todos a sí y reconciliar a los hombres con Dios y entre ellos. La hora de la cruz, la más oscura de la historia, que es también el manantial de la salvación para todos aquellos que creen el Él.

La muerte de Jesús es de hecho una fuente interminable de vida nueva, porque lleva en sí la fuerza generadora del amor de Dios. Sumergidos en este amor por el bautismo, los cristianos pueden volverse “granos de trigo” y fructificar mucho si, como Jesús, “pierden la propia vida” por amor de Dios y de los hermanos.

El Evangelio: allí podemos encontrar a Jesús, escucharlo, y conocerlo. El crucifico: signo del amor de Jesús que se ha donado por nosotros; y después, una fe que se traduce en gestos simples de caridad fraterna. Pero principalmente, en la coherencia de vida entre lo que decimos y lo que vivimos. Coherencia entre nuestra fe y nuestra vida, entre nuestras palabras y nuestras acciones. El Evangelio, el crucifijo y el testimonio. Qué la Virgen nos ayude a llevar estas tres cosas.+

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