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El Vaticano frena abusos litúrgicos en la misa, que el pan y el vino sean tales

Martes, 25 de Julio de 2017 | Actualizado a las 15:15
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Desde la cerveza en lugar de vino, hasta las hostias «consagradas» con una espolvoreadita de miel o azúcar para que sepa mejor, hay varios disparates en la celebración de las misas. Pero ahora la Iglesia frena los abusos litúrgicos. Hay que vigilar el origen y la calidad del pan y del vino usados en la Celebración. También hay que revisar la honestidad de los productores y cómo son tratados los productos en los lugares de venta. Hay que evitar que acaben en las estanterías de los supermercados con todo y ofertas especiales. Son algunas de las indicaciones que el Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el cardenal Robert Sarah, da «por encargo del Santo Padre Francisco» en una carta a los obispos.

El problema es que si hasta ahora la tarea de confeccionar las hostias y el vino para la misa estaba en manos de algunas comunidades religiosas, «hoy estos se venden incluso en los supermercados, en otras tiendas y por internet». Y entonces, el cardenal ofrece precisas indicaciones a los religiosos, por ejemplo que se garantice que los productos eucarísticos tengan certificados específicos. El ordinario, subraya el Vaticano, debe «recordar a los sacerdotes, en particular a los párrocos y a los rectores de las iglesias, su responsabilidad a la hora de verificar quién provee el pan y el vino para la Celebración y la idoneidad de la materia».

Después se recuerdan las disposiciones ya establecidas para el pan eucarístico, sobre todo en la forma de las hostias: debe ser pan ácimo, «exclusivamente de trigo y preparado recientemente, para que no haya peligro de descomposición». No se admite añadir azúcar, fruta o miel. Así como tampoco se admiten las hostias «completamente» sin gluten. En cambio son «materia válida —recuerda la circular del Dicasterio presidido por el cardenal Sarah— las hostias parcialmente sin gluten y tales que en ellas haya una cantidad de gluten suficiente para obtener la panificación sin añadir sustancias extrañas y sin recurrir a procedimientos que desnaturalicen el pan». Sí se puede usar «materia eucarística confeccionada con organismos genéticamente modificados». Y no hay que recordar, se supondría, «que las hostias deben ser confeccionadas por personas que no solamente se distingan por su honestidad, sino que también sean expertas en su preparación y que cuenten con los instrumentos adecuados».

El vino nunca puede ser sustituido por otras bebidas: «Debe ser natural, del fruto de la vid, genuino, no alterado ni mezclado con otras sustancias extrañas», recuerda la circular del Culto Divino, que también exhorta a tener cuidado con su conservación para que «no se convierta en vinagre. Está absolutamente prohibido usar vino cuya autenticidad y origen sean dudosos: la Iglesia exige, de hecho, certeza con respecto a las condiciones necesarias para la validez de los sacramentos. No se admita, además, ningún pretexto a favor de otras bebidas de cualquier tipo, que no constituyen materia válida».

Para los sacerdotes que han tenido problemas de alcoholismo, la misa debe ser celebrada con el mosto y no con el vino.

En relación con el mosto, «el jugo de uva —advierte la circular— que debe ser fresco y ser conservado suspendiendo la fermentación mediante procedimientos que no alteren la naturaleza (por ejemplo congelamiento), es materia válida para la Eucaristía».

Sarah sugiere que «una Conferencia episcopal puede encargar a una o más congregaciones religiosas, o a otro ente capaz, que lleve a cabo las revisiones necesarias sobre la producción, conservación y venta del pan y del vino para la Eucaristía en determinado país y en otros países a los que son exportados». Se recomienda además que «el pan y el vino destinados a la Eucaristía tengan un trato conveniente en los lugares de venta».

Don Claudio Magnoli, nombrado por el Papa consultor de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (además de responsable del servicio para la pastoral litúrgica de la arquidiócesis de Milán), explica que «después del Concilio de Trento hubo, a nivel teórico, una reflexión sobre la oportunidad de seguir utilizando pan y vino en la celebración de la Eucaristía. Efectivamente, en algunas partes del mundo falta la materia prima, a veces se sustituye en pan de trigo con otros tipos de cereales. Después de varias discusiones, la Iglesia ha establecido que no se puede cambiar la materia prima».

Reglas claras, indica Magnoli, y no se trata de una imposición: «Que en los últimos años se hayan registrado algunos abusos es algo objetivo. En Holanda, por ejemplo, resulta que algunos sacerdotes han celebrado la misa con cerveza en lugar de vino. Jesús no dio un mandato absoluto, pero esa era la materia prima de la mesa común y tal debe permanecer. La hostia puede resultar un poco insípida, pero el sabor lo da Jesús; siempre se lo he explicado así a los chicos».

Sin considerar los abusos, continúa Magnoli, «han también una preocupación preventiva relacionada con quienes producen la materia prima. Un poco por la crisis de vocaciones entre las monjas, que siempre se han ocupado de la preparación del pan para la Eucaristía, un poco porque en algunas partes del mundo algunos se encomiendan a empresas externas, se ha sentido la necesidad de recordar reglas precisas y correctas».

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