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Hacen falta ‘Fábricas de Paz’ porque abundan las ‘de guerra’

Martes, 12 de Mayo de 2015 | Actualizado a las 04:38
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Domingo 10 May 2015, Ciudad del Vaticano (AICA):

El papa Francisco recibió, esta mañana en el Aula Pablo VI, a más de siete mil niños y jóvenes, que forman parte de “La fábrica de la paz”, una iniciativa promovida por diversas instituciones, entre las cuales el Ministerio de Educación y la Conferencia Episcopal Italiana, para favorecer la integración multiétnica y sensibilizar a los responsables espirituales, políticos y de la educación para que utilicen un lenguaje de paz.

La Fábrica de la Paz, presentada el pasado 5 de mayo en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), es un gran laboratorio que quiere involucrar a todas las escuelas en una red educativa que a través del arte, el teatro, las nuevas tecnologías y el deporte formen en los valores humanos a todos los niños y niñas, partiendo ya de la escuela elemental.

A su llegada al Aula, el Papa fue saludado calurosamente por los miles de “trabajadores” de la fábrica y respondió a las preguntas que le hicieron algunos de ellos, haciendo hincapié sobre todo en la relación inseparable entre paz y justicia. Francisco no pronunció, en cambio, el discurso que había preparado pero que dio por leído y del que el VIS publica varios extractos:

“Les doy las gracias por la invitación para trabajar con ustedes en la ‘Fábrica de la paz’! Es un buen puesto de trabajo ya que se trata de construir una sociedad sin injusticias ni violencias, donde todos los niños y jóvenes puedan ser acogidos y crecer en el amor. Hay tanta necesidad de fábricas de la paz, porque por desgracia las fábricas de guerra no faltan!”.

“La guerra es el resultado del odio, del egoísmo, del deseo de poseer más y más y dominar a los demás. Y ustedes para combatirla se comprometen a difundir la cultura de la inclusión, la reconciliación y el encuentro. Es un buen camino, que necesita coraje y esfuerzo, para que todos entiendan la necesidad de un cambio de mentalidad, para garantizar la seguridad de los niños en el planeta, en especial, de los que viven en zonas de guerra y persecución”.

“El término ‘fábrica’ nos dice que la paz es algo que hay que construir con sabiduría y tenacidad. Pero para construir un mundo de paz, tenemos que empezar por nuestro ‘mundo’, es decir, el entorno en el que vivimos todos los días: la familia, la escuela, el patio, el gimnasio, el oratorio. Y es importante trabajar junto con las personas que viven con nosotros: amigos, compañeros de clase, padres y educadores. Necesitamos la ayuda de todos para construir un futuro mejor.

El verdadero constructor de paz es el que da el primer paso hacia el otro. Y esto no es debilidad, sino fuerza, la fuerza de la paz. ¿Cómo se pueden terminar las guerras en el mundo, si no somos capaces de superar nuestros pequeños malentendidos y nuestras rencillas? Nuestros actos de diálogo, de perdón, de reconciliación, son los ‘ladrillos’ que se utilizan para construir el edificio de la paz”.

“Otra característica de esta fábrica es que no tiene fronteras. Se respira una atmósfera de acogida y encuentro sin barreras ni exclusiones. Frente a las personas que proceden de otros países y grupos étnicos, que tienen otras tradiciones y religiones, la actitud de ustedes es la del conocimiento y el diálogo, para la inclusión de todos, de acuerdo con las leyes del Estado. Y además, han entendido que para construir un mundo de paz es indispensable interesarse en las necesidades de los más pobres, de los que sufren más y están abandonados, también de los que están lejos”.

“Pienso en tantos coetáneos de ustedes que sólo por el hecho de ser cristianos fueron expulsados de sus hogares, de sus países, y alguno fue asesinado porque tenía una Biblia en la mano. Así el trabajo de esta fábrica se convierte verdaderamente en una obra de amor. Amar a los demás, especialmente a los más desfavorecidos, significa testimoniar que cada persona es un don de Dios. Cada persona”

“Pero la paz es un don de Dios, un don que debemos pedir con confianza en la oración. Por eso es importante no sólo ser testigos de la paz y el amor, sino también testigos de la oración. La oración es hablar con Dios, nuestro Padre que está en los cielos, y confiarle nuestros deseos, nuestras alegrías y tristezas”.

“La oración es pedirle perdón cada vez que nos equivocamos y cometemos algún pecado, convencidos de que Él siempre perdona. Su bondad para con nosotros nos insta a ser, también nosotros, misericordiosos con nuestros hermanos, perdonándolos de corazón cuando nos ofenden o nos hacen daño”.

“Y, por último, la paz tiene un rostro y un corazón: el rostro y el corazón de Jesús, el Hijo de Dios, que murió en la cruz y resucitó para dar paz a todos los hombres y a toda la humanidad. Jesús es ‘nuestra paz’ porque ha derribado el muro de odio que separa a los hombres entre sí”.+

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