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Las personas merecen respeto y un “trabajo digno”

Martes, 10 de Noviembre de 2015 | Actualizado a las 14:59
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Martes 10 Nov 2015, Prato (Italia) (AICA):

La sacralidad de cada ser humano requiere para cada uno respeto, acogida y un trabajo digno, recordó esta mañana el papa Francisco en su visita apostólica a la ciudad italiana de Prato, antes de dirigirse a Florencia al V Congreso eclesial de la Iglesia italiana.

“Vine como peregrino. Un peregrino de paso, poca cosa, pero al menos está la voluntad de estar aquí”, dijo Francisco.

“Vine, -dijo el Papa improvisando unas palabras y dejando el texto del discurso que tenía preparado-, a esta ciudad rica de historia y de belleza, que a lo largo de los siglos mereció la definición de “ciudad de María”. Ustedes son privilegiados, señaló, porque custodian la reliquia del ‘Sagrado Cinturón’ de la Virgen, que acabo de venerar”.

“¡Trabajo digno!”, pidió el Pontífice y recordó especialmente a los cinco hombres y a las dos mujeres de ciudadanía china muertos hace dos años, a causa de un incendio en la zona industrial de Prato.

“Vivían y dormían dentro del mismo galpón industrial en el que trabajaban: en una zona se había recabado un pequeño dormitorio de cartón y cartón piedra, con camas superpuestas para aprovechar la altura de la estructura… ¡Es una tragedia de la explotación y de las condiciones inhumanas de vida! ¡Y esto no es trabajo digno!”, expresó.

El Papa destacó que la vida de toda comunidad exige que se combata totalmente el “cáncer de la corrupción, el cáncer de la explotación humana y laboral y el veneno de la ilegalidad”. Por esta razón, el Santo Padre exclamó “dentro de nosotros y junto a los demás jamás nos cansemos de luchar por la verdad y la justicia”.

Hacia el final de su alocución el Pontífice animó a todos, y especialmente a los jóvenes que durante toda la noche habían realizado una vigilia de oración a no ceder jamás al pesimismo y a la resignación:

“¡Gracias, gracias! Animo a todos, sobre todo a ustedes, jóvenes, a no ceder jamás al pesimismo y a la resignación. María es aquella que con la oración y con el amor, en un silencio activo, ha transformado el sábado de la desilusión en el alba de la resurrección. Si alguien se siente fatigado y oprimido por las circunstancias de la vida, confíe en nuestra Madre, que está cerca y consuela ¡porque es Madre! Siempre nos anima y nos invita a tener confianza en Dios: su Hijo no traicionará nuestras expectativas y sembrará en los corazones una esperanza que no decepciona. Gracias”.

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