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Mons. Arancedo: “El Magníficat de María nos habla del servicio a los más necesitados”

Domingo, 21 de Diciembre de 2014 | Actualizado a las 20:39
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Domingo 21 Dic 2014, Santa Fe (AICA):

El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, recordó que este domingo se presenta el evangelio de la Anunciación del Señor y explicó que esta referencia tiene “un profundo sentido humano e histórico: no hay nacimiento sin concepción”.

“La realidad humana de la vida ha sido asumida por Dios para comunicarnos a través de ella a su Hijo. La concepción de Jesucristo por obra del Espíritu Santo en la Virgen María es el comienzo de la Encarnación, que es el acto mayor de la historia del amor de Dios que no abandona al hombre. La concepción de Jesús en el silencio de María el día de la Anunciación, y la alegría de su nacimiento en Belén el día de Navidad forman una unidad en el proyecto salvífico de Dios”, subrayó.

El prelado destacó que “la figura central en este evangelio, si bien todo el está orientado a Jesucristo, es la Virgen María” y consideró que “podemos decir que la humanidad entera estuvo pendiente de este diálogo y de su aceptación. Estamos ante una obra de Dios, María no está sola, sino sostenida por el amor y la elección de Dios”.

“En este marco de la conciencia de estar ante una obra de Dios, ella recibe el anuncio de que va a ser la madre del Hijo único de Dios: ‘Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús’. Conocemos la respuesta, pero nos hace bien repetirla, como lo hacemos cuando rezamos el Angelus: ‘Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho’”, puntualizó.

“Si bien este diálogo es único, tiene un sentido ejemplar para todos los cristianos. En el ‘fiat’ de María conocemos tanto el designio del amor de Dios y su realización en Cristo, como nuestra vocación y estilo de vida. Cuando tomamos nuestra vida en serio ‘somos una carta de Cristo’, nos diría san Pablo, para ser leída en este mundo. Por ello, el Magnificat de María es una oración ejemplar para todo cristiano, en la que se nos habla de la alabanza a Dios y del servicio a nuestros hermanos más necesitados”, sostuvo.

Monseñor Arancedo compartió unas palabras del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, en la que se afirma: “Los discípulos de Cristo están llamados a renovar en sí mismos –la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva, de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que, cantado en el Magnificat, se encuentra luego expresado en las palabras y las obras de Jesús”.

“María es la primera discípula y misionera de Jesucristo y, por lo mismo, la imagen de un cristiano responsable de su fe y de una Iglesia comprometida con su misión”, concluyó.

La concepción y el nacimiento de Jesús

Alocución de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz (14 de diciembre de 2014)

Próximos a celebrar el Nacimiento de Jesús en Belén, la Iglesia nos presenta en este domingo de Adviento el evangelio de la Anunciación del Señor. Esta referencia tiene un profundo sentido humano e histórico: no hay nacimiento sin concepción. La realidad humana de la vida ha sido asumida por Dios para comunicarnos a través de ella a su Hijo. La Concepción de Jesucristo por obra del Espíritu Santo en la Virgen María es el comienzo de la Encarnación, que es el acto mayor de la historia del amor de Dios que no abandona al hombre. La concepción de Jesús en el silencio de María el día de la Anunciación, y la alegría de su nacimiento en Belén el día de Navidad forman una unidad en el proyecto salvífico de Dios.

La figura central en este evangelio, si bien todo él está orientado a Jesucristo, es la Virgen María. Podemos decir que la humanidad entera estuvo pendiente de este diálogo y de su aceptación. Estamos ante una obra de Dios, María no está sola, sino sostenida por el amor y la elección de Dios: ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo... No temas, María” (Lc. 1, 28-30). En este marco de la conciencia de estar ante una obra de Dios, ella recibe el anuncio de que va a ser la madre del Hijo único de Dios: “Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús”. Conocemos la respuesta, pero nos hace bien repetirla, como lo hacemos cuando rezamos el Angelus: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho” (Lc. 1, 38). Así como hablábamos de Juan el Bautista en este camino de Adviento, hoy nuestra mirada agradecida se detiene en María.

Si bien este diálogo es único, tiene un sentido ejemplar para todos los cristianos. En el “fiat” de María conocemos tanto el designio del amor de Dios y su realización en Cristo, como nuestra vocación y estilo de vida. Cuando tomamos nuestra vida en serio “somos una carta de Cristo”, nos diría san Pablo, para ser leída en este mundo (cfr. 2Cor. 3, 2). Por ello, el Magnificat de María es una oración ejemplar para todo cristiano, en la que se nos habla de la alabanza a Dios y del servicio a nuestros hermanos más necesitados. Quiero compartir, por ello, las palabras del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, en la que nos dice: “los discípulos de Cristo están llamados a renovar en sí mismos –la conciencia de que no se puede separar la verdad sobre Dios que salva, de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que, cantado en el Magnificat, se encuentra luego expresado en las palabras y las obras de Jesús” (C.D.S.I 59). María es la primera discípula y misionera de Jesucristo y, por lo mismo, la imagen de un cristiano responsable de su fe y de una Iglesia comprometida con su misión.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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