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SAN SEVERIANO, Obispo y Mártir

Sábado, 21 de Febrero de 2015
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En el año 451, se reunió en Calcedonia el cuarto Concilio ecuménico, contra la herejía monofisita de Eutiques que se estaba propagando rápidamente en la Iglesia oriental. Las diócesis se hallaban divididas en partidos, que en algunos casos escogían obispos rivales y rehusaban la comunión a los del partido contrario. la mayoría de los monjes de Palestina aceptaron, sin discutirla, la decisión del Concilio contra la herejía, pero hubo bastantes excepciones.

El principal de los rebeldes fue Teodosio, que tenía suficientes partidarios como para expulsar a Juvenal, el obispo de Jerusalén y apoderarse de la sede. A ello añadió una sangrienta persecución en la ciudad. Teodosio se dedicó a devastar todo el país, aunque en algunos sitios encontró cristianos decididos a permanecer en la ortodoxia; entre ellos se distinguió Severiano, obispo de Escitópolis, quien recibió en premio la corona del martirio, pues los soldados se apoderaron de él, le arrastraron fuera de la ciudad y le asesinaron.

aciprensa.com

San Pedro Damiani, obispo y doctor de la Iglesia

Memoria de san Pedro Damiani, cardenal obispo de Ostia y doctor de la Iglesia. Habiendo entrado en el eremo de Fonte Avellana, promovió denodadamente la vida religiosa, y en los tiempos difíciles de la reforma de la Iglesia, trabajó para que los monjes se dedicasen a la santidad de la contemplación, los clérigos a la integridad de vida, y para que el pueblo cristiano mantuviese la comunión con la Sede Apostólica. Falleció el día veintidós de febrero en la ciudad de Favencia, de la Romagna.

San Pedro Damiáni, obispo y doctor de la Iglesia (1007-1072)
Al lado de san Romualdo, fundador de los camaldulenses, san Juan Gualberto, san Nilo y del monje Hildebrando, (futuro Gregorio VII) fue uno de los hombres más beneméritos e insignes.

Pedro nació en Rávena en el año 1007 en una familia numerosa y pobre. Fue el hijo último; pronto quedó huérfano y al cargo de uno de sus hermanos mayores que lo trató con dureza extrema, casi como a un esclavo, teniéndolo descalzo y a medio cubrir con andrajos, encargado de cuidar de los animales de la granja. Visto en esa situación lo tomó otro hermano a su cuidado; era Damián, con corazón bueno; tan grande fue el cambio, que Pedro no olvidará el gesto y añadirá en adelante, como su segundo nombre, el de su hermano Damián.

A la muerte de Landorfo lo eligieron abad. No dejó Regla escrita, pero sí quedó patente entre los monjes su espíritu: absoluto silencio, trabajo manual básico para vivir, mezcla de vida solitaria en celdas separadas y algunos actos comunes, mucha oración y abundante lectura espiritual.

Fundó el monasterio de Nuestra Señora de Sitria y otros cuatro centros ermitaños más.

La segunda parte de su vida está llena de encargos y legaciones apostólicas; los Papas recurren a él encomendándole asuntos que le llevaron a una actividad incesante para contribuir a mejorar la triste situación de la Iglesia del año 1044.

En 1046, Pedro Damián asistió en Roma a la coronación de Enrique III, emperador del Sacro Imperio romano, que puso providencialmente término al actual estado de cosas. En 1047 está presente en el concilio de Letrán que promulgó ya varios decretos de reforma.

Al regresar a Fonte-Avellana para recuperar su vida de penitencia y soledad es cuando se hace palpable la influencia de su espíritu y lo grande de su prestigio; escribió al Papa Clemente II para que dé impulso a la reforma, y escribe su libro Gomorriano o de los Incontinentes con el que anima a papas y dirigentes a poner remedio al mal.


El Papa Esteban IX (1057-1058) lo nombró cardenal-obispo de Ostia (decano del sagrado colegio de cardenales) en 1057, a pesar de su resistencia; no tuvo el pobre Pedro Damián más remedio que ceder para no incurrir en la excomunión con que se le amenazó si osaba negarse una vez más.

Prematuramente muere el Papa y se van al traste las esperanzas de reforma. Hay un intento de renuncia y de refugiarse en Fonte-Avellana, pero el papa Nicolás II, en 1059, lo hace legado para Milán; allí se soporta desde hace tiempo una desesperada situación por la simonía y la lujuria de los clérigos; convocó un sínodo y llegó a restablecerse el orden, terminando con el escándalo.

El Papa Alejandro III (1061-1070) aprovechó su celo y servicios extraordinarios. Pedro Damián sacó abundantes escritos _irónicos, iracundos, anatematizantes y apocalípticos_ a la asamblea de Augsburgo para acabar con el cisma, porque hay antipapa.


Otra legación, acompañada ahora por Hugón de Cluny, fue en 1063; debía intentar poner freno a Drogon, obispo de Maçon, y restablecer la justicia lesionada en la abadía de Bourgogne y otras cluniacenses como Limoges, San Marcial y Sauvigny.

Se vio obligado a intervenir ante el joven rey Enrique IV en defensa de los derechos pontificios.
No pretendía Pedro llevar una vida de incesante viajar. Pidió un descanso merecido al Papa Alejandro II y que se le aceptara la renuncia a todas sus dignidades; pero Hildebrando, que era cardenal desde que Gregorio VI echó mano de él para que le apoyase en la necesaria reforma.

Pedro Damián acepta complacidísimo con tal de retirarse a Fonte-Avellana. En 1066 se le vio, por mandato de la Santa Sede, en Montecasino para solucionar el conflicto con los monjes de Vallehumbrosa. Se desplazó a Alemania porque Enrique IV intentaba su divorcio matrimonial y era preciso dejar claro ante el concilio los principios de moral cristiana.

También fue preciso arrimar el hombro para reconciliar a su querida Rávena natal con el Papa, lo hizo como legado, en 1072. Precisamente cuando iba a dar cuentas a Roma de ésta última gestión se puso muy enfermo en Faenza, lo llevaron al monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, donde murió el 21 de febrero de 1072.

León XII le declaró doctor de la Iglesia y gracias a su vida ejemplar pudo ser el precursor de la gran reforma llamada gregoriana por llevarla a término feliz el Papa Gregorio VII, desde que lo elevaron a la sede de Pedro en 1073.

El eficaz Pedro Damián, monje como el más enamorado del monacato, sirvió a la Iglesia intentando dar solución a los más enrevesados problemas. Es palpable que la inmensa mayoría de sus contemporáneos seglares no hubieran podido ni siquiera arañar lo que él realizó, aunque ello le llevara a tener que fastidiarse sin poder disfrutar de la soledad que por vocación le hubiera gustado tener.

EDD

Beato Natal Pinot, presbítero y mártir

En Angers, población de Francia, beato Natal Pinot, presbítero y mártir, el cual, en tiempo de la Revolución Francesa, mientras se preparaba para celebrar Misa como párroco que era, fue detenido y, revestido con los ornamentos litúrgicos a modo de burla, le llevaron al patíbulo como al altar del sacrificio.

La causa del beato Noël (o Natal) se introdujo independientemente de las de los otros mártires de la Revolución; esto le ha distinguido particularmente entre las múltiples víctimas del «Reinado del Terror». El beato fue un humilde sacerdote que pasó su vida en el trabajo parroquial. Había nacido en Angers en 1747, donde hizo los estudios ordinarios del clero diocesano. Después de trabajar como vicario en una o dos parroquias, en las que se distinguió por la solicitud con que asistió a los enfermos de un hospital de incurables, fue nombrado cura de una parroquia del pueblecito de Louroux Béconnais, en 1788. Con su celo y devoción obtuvo abundantes frutos entre sus feligreses.

En 1790, la Asamblea Constituyente obligó a Luis XVI a aprobar la «Constitución Civil del Clero», que atacaba los principios fundamentales del gobierno de la Iglesia y exigía que los sacerdotes prestasen un juramento condenado por la Santa Sede. Como tantos otros buenos sacerdotes, el beato se negó a hacer semejante juramento. Fue por eso arrestado y el tribunal de Angers le condenó a abandonar el gobierno de su parroquia, durante dos años. Pero ello no impidió que el P. Pinot ejerciera secretamente el ministerio sacerdotal y trabajase ardientemente por ayudar a corregirse a muchos sacerdotes que no se habían mostrado tan firmes como él.

Cuando la región de la Vendée se rebeló contra el gobierno, el P. Pinot tomó inmediatamente las riendas de su parroquia, con gran alegría de los fieles; y aun cuando las fuerzas republicanas recuperaron la región, el beato continuó su trabajo pastoral, desafiando a las autoridades civiles y militares. Durante algún tiempo logró evitar la prisión, pero finalmente fue entregado a las autoridades por un hombre con quien se había mostrado especialmente bondadoso. Fue capturado en el momento en que se estaba revistiendo para celebrar la misa. Los soldados le arrastraron por las calles, revestido con los ornamentos sacerdotales, entre los gritos del populacho. Pasó doce días en la prisión, donde fue tratado brutalmente. Como se negase firmemente a prestar el juramento, fue condenado a la guillotina. El 21 de febrero de 1794, fue conducido al cadalso, revestido todavía con los ornamentos que llevaba cuando le apresaron; en el camino repitió varias veces en voz alta el verso del salmo, que se utilizaba como oración del principio de la misa: «Introibo ad altare Dei...» (subiré al altar del Señor). Fue beatificado en 1926.

Acta Apostolicae Sedis, vol. XI (1919) y vol. XVIII (1926). Ver también A. Crosnier, Le b. Noël Pinot (1926).

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
EDD
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